Historia de un episodio psicóticoSin categorizar

La “locura”: Un extremo de la plena lucidez. Parte 1

By 9 octubre, 2015 No Comments

PDTA: es una historia muy larga que contaré por partes.

Mi día 1 en la capital inglesa

Mi día 1 en la capital inglesa

Parte 1: Mirar el miedo a los ojos

Luego de muchos intentos fallidos, de arrugar y romper hojas, de una caja de klinex desocupada y de un miedo penetrante que me hace temblar los huesos sobre todo por lo que se pueda juzgar,  el 21 de agosto me sonríe y la vitamina D de un rico sol mañanero en la capital Colombiana me alimenta las ganas de escribir en una linda madrugada de viernes.

Quiero plasmar en estas páginas el relato que me llenará de valor en momentos de dudas o cuando sienta que las circunstancias me ganan. No es un texto ni de pesar ni de lastima y menos para juzgar, son letras que buscan confortarme y si logro darle alivio así sea a una persona que se sienta sola pasando por su agonía, que sepa que no lo está y pueda ver una luz para saber que todo pasará, será mi mayor logro y satisfacción.

Hoy me siento preparada para contarlo porque me he blindado en todos los ámbitos de mi vida. Si estás dispuesto/a a leer mis líneas, debes hacer una promesa interna y es el NO juzgamiento, créeme, con conocimiento de causa te digo que nadie, nadie, está exento, y aunque a ti no te toque de frente, a un familiar, a un amigo o a un conocido le puede pasar, por eso pido tu responsabilidad como ser humano, como compañero, como amigo, como pareja, como esposo, como familiar, como padre, como jefe, como colega que nunca señales, ni hables de lo que no sabes. Si te llega a tocar, pide apoyo, porque mucha gente puede darte una mano, como un día me la dieron a mí.

La “locura”: Un extremo de la plena lucidez.

He perdido la noción del tiempo, de los días, de la gente que me rodea, inclusive de mi vanidad y hasta el reconocimiento de mi propia identidad. Es alguna hora de la tarde y lo único que se escuchaba unos minutos atrás en el pasillo era que el tiempo de prueba se había acabado y se llegaba la hora de que nos mandaran a la cueva sin salida. Ahí estaba yo, con mi bata de levantar rosada, sentada en el piso de la sala de televisión mientras con mis ojos cerrados pronunciaba mi mantra protector,  uno por uno van llamando y con alegría se desvanecen de aquel lugar. Una tocada de hombro me interrumpe y una cara de felicidad me espera con un fuerte abrazo. La desolación se empieza a apoderar de mí, parece que mi nombre nadie lo pronuncia y ninguna cara familiar se puede vislumbrar en la lejanía. Siento la desolación en el corazón y se expresa por medio de lágrimas para sentir un dolor profundo en mi alma. Estaba experimentando el sentido prístino de la impotencia, las ganas de correr y no poder, de caminar y no poder, mi libertad estaba siendo coartada.

Ahí estaba Camila Cooper en la zona de observación de un hospital psiquiátrico al norte de Londres, en su día noveno, a 15 horas de ser internada en un infierno sin punto de retorno.

Esta historia se empezó a cultivar en un verano en Londres. Recuerdo ese almuerzo en las instalaciones de la oficina de mi trabajo como Editora del periódico latino más importante, Express News, en donde mi amiga Elisa me empezó a hablar de una Sascha fitness.

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