Historia de un episodio psicóticoSin categorizar

LA “LOCURA”: UN EXTREMO DE LA PLENA LUCIDEZ. PARTE 5

By 13 octubre, 2015 No Comments
Protector de ángeles

Protector de ángeles

La batalla de ángeles y demonios

Ese lunes empezó el verdadero calvario. Le puse seguro a todas las ventanas, estaba pendiente de la ventana para ver que ningún carro extraño se parqueara, experimenté en carne propia el miedo, la persecución, la angustia de salir a la calle.

Se preguntaran sobre mi familia, mis papás. Pues todo el tiempo trate de ocultarles la situación, evadía el tema hasta que un mensaje los alertó completamente y la impotencia de la lejanía los hizo vivir una angustia incomparable, inmedible, inigualable.

8 de la noche

Se acuerdan de la viejita que rondaba el barrio por una van sospechosa. Desde hace tres día yo había visto una van blanca parqueada al frente del jardín de mi casa. Me ganó el miedo y le mandé una foto a Peter, mi padre putativo. Le dije que si me pasaba algo eran los Krishnas y que esa van llevaba mucho tiempo ahí parqueada. A todo esto ya les había dicho que quería ser Presidenta de Colombia, que Nelson Mandela había encarnado en mí, que quería realizar mi proyecto de educación, así que fue la gota que derramo el vaso para que atando cabos se dieran cuenta que algo no andaba bien.

Empecé a relacionar los olores con los olores del lugar religioso donde estuve, así que el fuerte olor a cebolla que salía de mi casa me empezó a parecer muy sospechoso. La hermana del LandLord estaba muy enferma, terminal y yo creía que podía ayudarla en su recuperación. Así que le mandé con él mi cruz de esmeralda que me había regalado mi mami de grado y una pequeña frase de mi poema favorito en ese momento, Cuándo me amé de verdad por Charles Chaplin. Mi peso cada vez era peor, llegué a los 40 kilogramos pero yo no hacía caso de ninguna advertencia, sin embargo una foto me hizo reconocer mi problema. Verme los huesos y las costillas salidas me llevó a reconocer la necesidad de ayuda. Me fui de urgencias para el centro de salud de la zona y una doctora muy hermosa me atendió. Tenía rasgos orientales, inmediatamente entramos la miré y llorando le dije que necesitaba ayuda porque tenía anorexia. En ese momento me abrazó y me dijo que el paso más difícil es reconocerlo. Me realizaron todos los exámenes pertinentes y afortunadamente fue una anorexia de menos de un mes, era tratable y me brindaban todo el apoyo necesario.

Al día de hoy tengo dos explicaciones para lo que me pasó a partir de acá. Religiosamente, por más que quiera disfrazarlo no hay otro nombre que el demonio. Una lucha de poderes que se salen de la lógica normal, y únicamente las personas que han vivido el milagro y el poder de la oración pueden dar fe y testimonio de esa fuerza sobrenatural. Y la otra explicación es una lucha interna por sobrevivir y una capacidad inhumana luchando entre mis miedos y mis deseos en donde salió con todo el arsenal a imponerse la mente ya que el cuerpo no tenía el valor de actuar, la mente tomó las riendas a su antojo buscando una libertad.

Yo no me casó con ningún partido, simplemente desde la humildad, la gratitud y el amor doy gracias a todo, a Dios, al universo, a mi mente, a mi familia, amigos a todos los que por medio de mantras protectores hicieron aportaron su granito de arena, para que hoy viva y más fuerte que nunca pueda contar lo que me pasó.

Mi mejor amiga del colegio fue a visitarme, pues hizo parte de la angustiosa búsqueda cuando me perdí entre las calles de Camden Town. Su ojos aguados al verme, pedían auxilio, ella no quería estar ahí, la energía y el ambiente que se percibía era muy denso.

En Colombia, mi mamá movía cielo y tierra para poder viajar a Londres. En una urgencia de vida de ese tamaño, las barreras de entrada y la cohibición para ejercer la libre locomoción simplemente generan angustias incontrolables, llevándola al desespero absoluto. El grito, los llantos, eran su desahogo, y desde su versión de los hechos, la oportunidad de pegarse de Dios y orar fue su único consuelo. Desde las 6 am de rodillas oraba por mi bienestar. Lo creerían si les hablara de una persona practicante que fuera a la iglesia 3 veces por semana, pero mi mami era una más en la modalidad de católico visitante de la iglesia esporádicamente sin una rutina sagrada de adoración, por eso tengo claro que su amor por mí la llevó a su límite.

Me empezaron a dar vitaminas naturales, remedios caseros y a mí se me empezó a formar una película en la cabeza bastante salvaje. La persona que me cuidaba debía regresa a su trabajo, así que me llevó a donde su familia para que me cuidaran pues no se sentía nada seguro en dejarme sola. Esa mañana yo creía que el dueño de la casa hacía parte de los krishnas y era una red mafiosa muy poderosa. Luego ese poder aumentaría, pero hasta el momento unía al de las camisetas de Camden con el tatuador y con el viejito de ojos azules que me abordó con el libro. Así que en mi estado de superioridad lo iba a enfrentar y no iba a permitir que nos hicieran ningún daño. Con una excusa muy tonta le puse cita en la casa de la señora que me iba a cuidar y cuando llegó, cual detective, le aseguré que sabía todo, que entendía la van, el olor de la casa, la dirección del lugar de tatuajes y que si a mí me pasaba algo, en Colombia ya estaban informados y sabrían los culpables. Le pedí que me regresara mi cruz y que estábamos alerta. Cuando se fue el Landlord la señora estaba en shock, mientras le explicaba la teoría que tenía en mi cabeza, llegó una de sus mejores amigas. Se unió a mi cadena de enemigos y con actitud grosera y provocadora recuerdo mostrándole mi nuevo tatuaje, jugar con mi perro, y no sé porque el número 5 se metió en mi cabeza y veía que solo me lo mostraba con la mano y me hablaba de 5 gatos. Para mí era una red que crecía. La señora me quería distraer y me preguntó si quería cocinar o algo. Le dije que quería un manicure, así que llamó a otra amiga de la familia. Hay cosas que aún no me cuadran y no entiendo. Me sentía muy mareada, como zombi, me perdía en la lejanía y la niña del manicure me echaba mucho aire y le preguntaba a la señora los ingredientes de lo que cocinaba.

Cuando terminó decidí ir a dormir. La señora me prestó ropa de ella y tomé una siesta como de 2 horas o tal vez más.  Me desperté desesperada, esa ropa me apretaba mucho, y sentía una picazón así que me quité todo y me puse lo mío. Estaba muy confundida y salí al jardín. Empezó a llover y mentalmente creí que la señora también era enemiga mía. Creí que podía controlar el clima y en mi cabeza quería que parara de llover, sentía que estaba en una lucha mental con ella. Se convirtió en mi peor enemiga. Y ahí comprobé que del amor al odio, realmente hay un paso.

La paranoia creció, empecé a escribir cosas absurdas en mis redes sociales, imagínense creer que la gente con la que convives son tus enemigos. Empecé a sentir que me envenenaban, que estaban intoxicando también a mi perro, la mente me hacía creer cosas absurdas, si pudiera describir el infierno yo lo estaba viviendo en vida aparte porque dormir era imposible entonces te lleva a delirar mucho más.

Me llevaron una terapeuta conocida de la familia. Y cuando empecé a hablar con ella sentí que hablaba con un psiquiatra que conocía en Colombia, ella me dio mucha paz, y también le hacía preguntas muy fuertes a la persona con la que vivía. No sé si eso paso en realidad si las preguntas ocurrieron así y si las respuestas agresivas de este hombre también pasaron en esa medida, yo sentía que ella era víctima de esa red a la cual se unió la peluquera de la familia, por frases y palabras de la terapeuta.

Yo no sé, si hasta la mente te hace percibir olores, pero cuando me trajeron a mi perro, le sentí un aliento demasiado aterrador así que él era lo púnico que me daba paz, hasta que la paranoia se fue poniendo peor.

Invadieron mi máxima de privacidad, sentí que me leían la mente, y que era señora era capaz de tomar el cuerpo de mi compañero de casa para hacerme daño y vigilarme. Cuando hablaba con mis papás les decía que todo estaba bien, sentía miedo que viajaran porque esa señora no quería a mi mamá y yo pensaba que podía hasta terminar con su vida de alguna manera. Me angustiaba la idea que viajara por British, porque la familia de ella era muy amigo de un cargo con poder y en mi cabeza hasta tumbar el avión hubiera podido pasar. Por eso hacía todo para que mi mamá no se fuera a venir.

Peter trataba de darme luz por medio de su ejemplo, mi papá Manuel llegó a mi vida como cómplice de sueños,  le decía mi Sancho y trataba de estar ahí pero no le permitía mucho acceso. La cosa se salió de control en una noche que sentía que cada vez las fuerzas negativas eran tan fuertes que iban a acabar con mi vida. Pegada del Facebook, sentí que la señora entró en el cuerpo de mi perro Maximus así que lo saqué de la habitación y cuando amaneció sin haber conciliado el sueño por días, quería deshacerme de todo lo que tenía, quería sacar mi ropa y accesorios a la calle para ser donado. No me dejaron, me cerraron todas las puertas y ventanas todo eso me llevó a explotar. Solo pedía mi casa, mi regreso. No quería estar más ahí. A mi casa llegó la policía y una ambulancia, luego del cólera en el que me encontraba, escuchar esa sirena fue como cuando el náufrago escucha el sonido de las aspas de un helicóptero que le salvará la vida. Cuando esas dos inglesas entraron a mi cuarto, me miraron con sus ojos azules profundo caí como un bebé en la cama y solo les pedí mi regreso a Colombia.