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LA “LOCURA”: UN EXTREMO DE LA PLENA LUCIDEZ. PARTE 8

By 4 noviembre, 2015 2 Comments

Parte 8: Todavía necesitaba pegarme más duro para aprender

Amor, la mejor medicina

No existe medicina más poderosa que el AMOR

Aterrizamos muy tarde y al salir del aeropuerto me llevé la sorpresa de amor más linda e inolvidable, mi familia y mis amigas del colegio estaban esperándome para recibirme como si hubiera hecho algo memorable, como a una deportista que se gana una medalla, o un escritor que logra un reconocimiento, pues si lo veo con claridad, las personas más importantes estaban dándome un estímulo por decidir salvar mi vida. Y no exagero porque la mujer que llegó esa noche pesaba menos de 45 kilogramos, realmente necesitaba de todo ese amor.

A los pocos días empecé mi tratamiento psiquiátrico, mis papás me consentían en su máxima expresión, cenas, spa, cine etc, todo lo que me ayudara a volver a recobrar esa vida y esa alegría que siempre me había caracterizado. El miedo era mi aliado, era difícil luchar contra el ahogo que me producía la multitud, quería estar en mi casa y sola, me agobiaba la compañía y las preguntas, hoy reconozco que es duro contestar a esas ráfagas de preguntas que lo único que lograban era confundirme. Recuerdo claramente los cumpleaños de una prima, quería salir corriendo, no me lograba adaptar al momento y gracias a Dios Peter me apoyó mucho, debía enfrentar ese miedo, con respiración y dándole órdenes a mi cerebro logré ir superando esas etapas postraumáticas. Sentía dolor un intenso en el pecho que traspasaba como al alma y en esas búsquedas un “gurú” me dijo que los Krishnas me habían abierto el chacra central. En este punto quiero ser directa, no hay mago, no hay brujo, no hay medicina, no hay gurú más poderoso que tu sabio interior y mi sabio interior se llama Dios. Con su calma, consuelo y guía todo eso pasa y desaparece. Pues yo comprobé que con mi fuerza interna podía superar todo más rápido de todo diagnóstico humano.

En este punto seré fuerte con los especialistas y estudiosos del tema, son necesarios para una terapia de choque, es decir, cuando se ha pasado un límite del control los medicamentos y la supervisión son indispensables, sin embargo cuando se ha retomado el control ellos dejan de ser vitales, sin embargo te harán creer lo opuesto y muchos te tendrán de por vida. Así que con todo el respeto a mí me ayudo más la persona que me dijo yo lo viví, yo sé lo que sientes y yo salí, además te voy a mostrar cómo hacerlo. Y nuevamente con todo el respeto el que me tendió la mano y me dijo yo he estudiado en todas partes del mundo, he leído y se cómo curarte pero necesito tu dinero, sesiones más cortas y por un tiempo indefinido, lo único que consiguió fue mi rechazo y gritar a los 4 vientos que caer en manos de un tradicionalista que cree que la medicación es la única alternativa es llevarte a un hoyo del cual cada día será más difícil salir.

A cada persona le funciona algo distinto, a Camila Cooper la sacó las ganas, el amor y el apoyo de muchos seres queridos.

Jamás negaré que gracias a mi psiquiatra logre escarbar asuntos importantes de mi vida. Y gracias a que me daba el avión, es decir al estilo mexicano, me seguía la cuerda, me recalcaba en cada sesión que yo pertenecía a Londres, que mi vida estaba allá y mi felicidad, por tal motivo y ante cualquier decisión razonable presioné a mis papás para que me apoyaran para regresarme porque no me acoplaba en Bogotá, un viaje sin retorno a un mundo que no existía ni siquiera en mi imaginación.

Gracias a las herramientas que mi mamá había recibido en un proceso, del cual les hablaré más adelante y que marcó mi vida en dos, me dio la libertad de decidir y me apoyó en la decisión de regresar. Así fue como en abril del 2014 tome un avión para Londres, perdiéndome el matrimonio de mi mejor amiga, olvidando todo lo vivido, en contra de todo acto puramente lógico estaba de retorno.

Se trata de ver lo que no queremos ver

Se trata de ver lo que no queremos ver

Nuevamente en el ruedo, round 3.

Retomé las rutinas de mi vida, continué con mi trabajo en el colegio, me hicieron todos los exámenes y pruebas necesarias para comprobar que estaba bien de salud para volver. Todo empezaba a encajarse dentro de la rutina de la normalidad, esa normalidad que te pone a pensar. Mi mamá estaba muy pendiente de mí, la familia con la que vivía se encargaba de hacer mis días llevaderos, sin embargo algo me faltaba, aún me sentía incompleta. Todo se agudizo cuando mi contrato en el colegio se finalizó y en Julio, con alta probabilidad de equivocarme en la fecha, me dieron el aviso que no continuaría desde Agosto. Empecé a hacer todos los papeles en diferentes agencias para ser profesora suplente en colegios privados, me estaba dejando influenciar tanto por las personas con las que vivía que hasta mi sueño de ejercer mi profesión se había diluido casi durante año y medio. Decidí terminar mi curso sobre infancia en donde me certificaban para el cuidado de menores y mandé mi hoja de vida como si el mundo se fuera a terminar pues me agobiaba la idea de quedarme metida en la casa limpiando por horas.

Me atormentaba la idea de ser una ama de casa desesperada.

FrutoBendito

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  • Leonel dice:

    Esa locura que insinúas en tu relato creo que también habita en cada uno de nosotros. Por alguna razón, se desboca en algunos, pero como bien dices, superarla exige la valentía de vernos a nosotros mismos como los artífices de ese cambio. Amor, mucho amor a uno mismo. Gratitud, en dosis altas. Aceptación a raudales y no soltar la mano de Dios son los principales antídotos. También la luz de quien se decida acompañarte en ese caminar aportando su luz, pero no imponiendo su camino, ni sus fórmulas y mucho menos sus tarifas.

    Me gusta lo que escribes.

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