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LA “LOCURA”: UN EXTREMO DE LA PLENA LUCIDEZ. PARTE 9

By 7 noviembre, 2015 No Comments

Parte 9: Mi última ruta de escape

Por más oscura que la vida te pinte las situaciones siempre hay una luz... se trata de buscarla.

Por más oscura que la vida te pinte las situaciones siempre hay una luz… se trata de buscarla.

Llegó el mes de los vientos y las cometas en mi bella patria Colombia, mientras en Londres era otro mes gris y el sol cada vez más esquivo porque verlo era todo un reto. El trabajo empezó a ser esporádico, me llamaron del colegio para hacer un reemplazo por una semana, luego en otro colegio privado y así ocupaba mi tiempo. Empecé a hacer tutorías a unas niñas de mamá española y papá británico que no hablaban español fluidamente. Y en ese ritmo estuve hasta principios de Octubre. Recuerdo el mágico momento cuando el teléfono sonó. Era mi mamá y me dijo que me viniera a Colombia a pasar navidad. Que ellos me apoyaban con el tiquete. Sinceramente fue la puerta que estaba buscando, cuando le comenté a la persona con la que vivía mis intenciones, se armó una tragedia. Y la culpa me carcomía por estar pensando esa descabellada opción.

Quiero hacer un paréntesis, y preguntar a las personas que han leído mis líneas si alguna vez ¿han dejado atropellar su inteligencia?. A mí me aprendieron a leer fácil y luego de una crisis tan fuerte la vulnerabilidad era mi talón de Aquiles. Así que obvio me hicieron ver como la persona más inhumana en querer viajar a mi tierra, a mi hogar, con mi familia y amigos, sin contar con su consentimiento y yo me creí la tragedia. Por eso mi pregunta ¿cuántas veces te han hecho ver como un loco y renuncias a tus sueños, metas o ideales? Recuerda que todos los seres humanos que se han salido de los estereotipos de la sociedad son los que han dejado una huella eterna y el montón se va en el anonimato.

Continuando con la historia a los dos días me enteré que mi abuelita había sufrido un accidente y la reina de la casa había sido internada en la clínica. Así fue como empezó la batalla de Troya y como Sinón logré convencerlos que era necesario mi viaje y que tendría tiquete de regreso. No lo veo ni como manipulación, ni engaño, simplemente el universo conspiro y papá Dios que no me abandona y me ama por ser la niña de sus ojos intercedió para que yo tomara la mejor decisión de mi vida.

Le dije sí a mis papás y en la madrugada de ese día tenía el tiquete ya en mis manos y el día siguiente viajaba para mi tierra. Con vuelo por Avianca donde me era permitido llevar hasta dos maletas de 23 kilogramos, decidí simplemente viajar con una maleta hecha por las personas con quien vivía y así asegurar mi regreso. Me rehusaba a hacerle caso a mi mamá que con su buen instinto sabía que me arrepentiría de esa decisión.

Vuelo directo a la ciudad de Bogotá, 8314 kilómetros me separaban de mi hogar. 11.5 horas me alejaban del amor de mi familia, un continente se interponía entre las tardes de amigas y los planes sorpresa.

Despegó el avión y sin saberlo se quedaría atrás la ciudad y las personas que me darían las mejores lecciones de vida. Jamás hubiera sido lo que soy internamente si nunca hubiera pasado por esa montaña rusa. Una de las grandes lecciones aprendidas es la de escuchar mi voz interior y la voz de mi mamá.

Obviamente luego de estrellarme con la misma piedra dos veces el recibimiento no sería el mismo, ni yo era igual, esta vez con 8 kilos por encima de mi peso normal, unos enormes cachetes resaltaban en mi cara, sin embargo los que siempre han estado para levantarme y limpiarme las rodillas me esperaban con la misma sonrisa y abrazo desmedido.

Peter y mi mami me recogieron en el aeropuerto internacional El Dorado. Volé por primera vez en el vuelo directo de Avianca y no tuve que sufrir todo el estrés del cambio de maletas y el agonizante transbordo, sin nada de eso, la paz de un vuelo derecho a casa me permitió caer en los brazos de Morfeo por un sueño duradero de aproximadamente 8 horas.

Llegué a mi casa alegre, haciendo caso omiso a todas las recomendaciones de mi mamá y como les conté anteriormente con una sola maleta llena sueños rotos e inmensos aprendizajes. Encontrarme con mi espacio, con mis recuerdos, fue mágico, pude recordad cada momento de mi vida en Colombia y me llené de fuerzas para una decisión que marcaría mi vida. Me puse a hablar con mis papás, Peter se fue a dormir y mi mamá, quién había pasado por el sufrimiento más grande al ver a su hija, su única hija perder la luz de la vida lejos de ella, me miro a los ojos con amor puro, sin una sola intención de juicio, sin un solo reproche cual Christopher Scott Kyle, o mejor conocido como ‘El demonio de Ramadi’ Sus labios se entreabrieron y de su boca salió la pregunta letal.