Historias

AMEN, por ayudar a otros

By 26 septiembre, 2019 No Comments

Nos encontrábamos en camino hacía Cajicá, otra entrega a madres vulnerables íbamos hacer la Fundación Fruto Bendito en compañía de  Juliana, fundadora de Lefhant y Nataly, fundadora de Miskabu; dos emprendimientos de mamás. Al llegar al Refugio Amén, el hogar de paso de madres gestantes o bebés de un año de nacidos, empezamos a organizarnos para darles la sorpresa a ellas de un Baby Shower lleno de amor.

Bajamos las cosas del carro. Había pañaleras llenas, decoración, refrigerios y las 15 cunas que donaríamos ese día. Decoramos la mesa, armamos las cunas y todo quedó muy hermoso para recibir a las mamás. Luego de unos segundos y de esperar con ansías la reacción de las mujeres que viven en el refugio: una a una fueron llegando al patio de la casa (donde organizamos el baby shower).

– “Pasen, siéntense y esperemos a las demás” – repetía Camila Cooper. Al llegar todas empezaron las fotos, las conversaciones cortas entre las madres gestantes y las risas de los niños más grandes que fueron al evento. La risa que más resaltaba era la de Sarita, una niña del refugio que es huérfana, pero en este hogar de paso la han recibido con mucho cariño; su pelo color claro y  su gran sonrisa demuestran la inocencia con la que cada niño viene al mundo y la necesidad de llenarlos de amor y cosas buenas. Como se dice en la Fundación Fruto Bendito, no hay nada más importante que una crianza positiva: en donde solo con actos de amor y ternura se cría de la mejor manera a nuestros bebés.

El cielo se fue cubriendo de nubes negras y poco a poco, empezaron a caer gotas. Sin pensarlo tanto, todos corrimos dentro de la casa. Entramos las mesas, las cunas, los regalos que traían Juliana y Nataly, y todas nuestras ganas por continuar con esta maravillosa actividad. Al finalizar la charla habitual de Camila, sobre el poder de la lactancia, de la crianza positiva y todo acerca de los cuidados de los bebés; las madres del refugio y algunas voluntarias nos compartieron sus historias.

Katherine Quintero, fue la primera en dar su testimonio – “Tengo 32 años. Me siento en la obligación con Dios y la Virgen de dar mi testimonio. El pasado 20 de febrero me encontraba trabajando en lo que siempre soñé, al medio día me empecé a sentir mal y luego de mucha insistencia, mi jefe me acompañó a urgencias. Luego de una ecografía, me dieron la noticia de que estaba embarazada. La pregunta de siempre ¿Por qué a mí señor? Si ya tengo cinco hijos y mi proyecto de vida. Al principio no quería creerlo y menos cuando la doctora me dijo que eran gemelos otra vez; por mí pasaron muchos pensamientos”

“Después de algunas semanas las cosas se iban acomodando otra vez y ahí Dios quiso darme otra lección: en la ecografía solo se escuchaba un corazón. Un vacío y una tristeza profunda me embargaron, que dolor más amargo sentía, solo Dios conocía lo arrepentida que me sentí por no aceptar del todo a ese ser tan hermoso que solo duro 16 semanas con nosotros. Sin embargo, me enfrente a mi dolor, a los dictamines que me aconsejaban practicarme un aborto: siempre dije un NO rotundo. Que sea la voluntad de Dios y ahora que tengo 36 semanas de gestación. Guadalupe, mi perfecto milagro, sigue luchando contra el mundo y contra aquellas personas que al ver mi barriga me dicen ¿otra vez embarazada? ¿otra boca que alimentar? Yo solo digo perdónalos Señor porque no saben lo que dicen. No saben que dentro de mí hay un verdadero milagro de amor, una pequeña que crece sana y fuerte contra todo pronostico, Ese es mi testimonio, mi vida caóticamente hermosa” – continúo Katherine.

 

Una de las madres se animó a contarnos su historia: – “Mi nombre es Mariana, tengo 31 años y soy madre de dos hermosas niñas. La mayor dentro de poco va a cumplir 7 años. Quiero compartir mi historia, porque para mí fue muy duro la amamantada. Antes de dar a luz a mi primera hija, me fui a vivir por una temporada en Barranquilla. Allá la lactancia se ve de mala forma y la leche materna es solo agua. Por eso me sentía luchando contra el mundo, como si fuera el último dinosaurio. Hasta llegué al punto de empezar a utilizar tetero y todo por lo que decían los demás; aunque yo no quisiera. Pero mi hija luego de luchar pudimos quedar solo con la teta”. 

Seguimos con los testimonios y llegó el turno de Yoslai García, una venezolana que llegó a Colombia en busca de oportunidades. “Dejé mi país,  a mi familia y a mi hijo de 16 años. Por ahora solo contaré la historia de mi bebé. A los seis día de dar a luz en mi país, se me infectó mi herida de la cesárea y el ombligo, durante todo el proceso de la operación y de recuperación; mi hijo tuvo que estar bajo el cuidado de un familiar y fue alimentado con agua de arroz. Luego de 15 días, me dieron de alta, pude estar con mi hijo. Pero, debido al agua de arroz le dio una infección en el intestino. Lo hospitalizaron: allí convulsionó, lo tuvieron que entubar y los médicos no me daban esperanzas. A pesar de todo, de tener que dormir algunos días en parques o de tener que subirme a un transporte público con mi bebé de brazos; no pierdo las ganas de salir adelanta y toda mi motivación es mi bebé”. 

Cada historia y testimonio causaban grandes emociones entre los que estábamos en el Refugio Amén, de cada experiencia de vida se aprende algo nuevo y motiva a la Fundación Fruto Bendito de seguir con esta bella labor. Al terminar la charla, empezamos a repartir las cunas. Ver las caras de las madres y que algunos bebés disfrutarán por primera vez su cuna ¡No tiene precio!

Terminamos con una canción emotiva, con uno de los himnos de Fruto Bendito y la melodía necesaria para hacer de las donaciones algo inolvidable: Vivir mi vida, de Mark Antony. Todos abrazados en círculo y cantando fuerte “Voy a reír, voy a bailar. Vivir mi vida lalalalala” despedimos este evento lleno cariño.

 

Por: Tatiana Devia