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Y el COVID nos transformó

By 5 mayo, 2020 No Comments

Una Bogotá irreconocible, quieta, limpia, que se llega a percibir hasta tranquila, todo lo opuesto al caos al que estábamos acostumbrados los ciudadanos capitalinos. Y es que en medio de esta pandemia que azota nuestro planeta, nos hemos tenidos que reducir, nos hemos visto frágiles. Sin embargo, un mes encerrado en casa, con la familia, no parece tan grave, ¿Verdad? Bueno, mientras el planeta toma un respiro de nosotros, las empresas y la economía se desangran, el dinero está congelado y las clases sociales más vulnerables pasan hambre. Cientos de ciudadanos salen a la calle intentando buscar un sustento, con el riesgo de contraer la covid-19 o morir de hambre.

Las personas que viven del empleo informal, del rebusque, de sus pequeños emprendimientos, son numerosas en este país. Y sí, sin duda son los más afectados por la cuarentena preventiva que atraviesa nuestra nación, pues el hecho de no poder salir a trabajar implica que no generen dinero, implica que no tienen comida. Es desalentador pensar en esas familias de cuatro, cinco o más personas, que no tienen cómo acceder a una alimentación básica, pasando hambruna y con la esperanza de poder encontrar una solución.

Para estas familias afrontar este momento no es nada sencillo y eso es precisamente lo que quiere Camila Cooper y Oscar Bejarano, su esposo y cofundador, con su Fundación Fruto Bendito; dar algo de paz en medio de la angustia, ser agentes de cambio, resaltando siempre el lema fundamental de la fundación: “buscando ser iguales con amor”. Ellos, al igual que su fundación, han tenido que rediseñarse debido a estos eventos desafortunados por los que pasa la sociedad. El día en que sus cunas quedaron encerradas en la bodega y la producción se detuvo en seco, entendieron de inmediato que debían buscar otro camino. Vieron las plataformas digitales como una herramienta clave para masificar su impacto. Con mayor razón no podían quedarse quietos, inamovibles. Por el contrario, buscaron la forma de seguir ayudando y llegar a las familias que los necesitaban.

Tras Identificar una necesidad, que movía cada fibra de sus almas, decidieron crear una campaña para recaudar fondos y llevar mercados a las familias en condición de vulnerabilidad. Creyeron que llevar alimentos a 150 familias era ambicioso, pero después de recibir apoyo de más de 230 personas comprendieron que su impacto sería mucho mayor. Dos semanas después de identificar a las familias a las cuales ayudarían, mediante la recolección de unos datos, se llevó a cabo la entrega de los primeros mercados.

                        

Entre las primeras personas beneficiadas, está una mujer desplazada, madre de 2 niños, que se dedica a la venta informal y que no recibe ninguna ayuda por parte del gobierno. En esta época de cuarentena, había sobrevivido gracias a la comida que le regalaban sus vecinos, lo poco que conseguía al salir a la calle a trabajar y a punta de “aguapanelita”, como bien dice ella. Por cierto, adicional a esto, su esposo se encuentra desaparecido y tiene una deficiencia renal, pero eso sí, nunca dejaba de sonreír y hacer bromas. Sin duda alguna, es una mujer que ha luchado en su vida para poder darle comida a sus pequeños. Ella dice que es como cualquier madre, trabajadora, emprendedora y que no se deja doblegar por las adversidades. Eso es solo una mínima parte de lo que ha sido, una vida repleta de tragedias.

Del otro lado de la moneda, se encuentra Diana Romero, una profesional de la salud, que desempeña una labor de psicopedagogía y que sintió una conexión con Fruto Bendito desde sus inicios. Ella dice, que donar es ayudar a cambiar dos familias, porque cuando dona siente como va alimentando el alma, “mi donación es poco a cambio de lo mucho que han hecho por tantas familias”, expresa Diana y que dar es una bendición, que agradece no tener que estar del otro lado de las donaciones. Es una mujer que ha contribuido en prácticamente todas las causas que la fundación ha propuesto y que, a su vez, invita a las demás personas a ser parte de las campañas de Fruto Bendito.

       

Oscar fue el encargado de llevar los mercados, yendo incluso a las afueras de Bogotá, en municipios como Soacha. Haciendo la entrega de los mercados allí, Oscar se vio conmocionado por la cantidad de pañuelos rojos que se veían en las ventanas de las casas en este municipio, su hermano, quien lo acompañaba a hacer la entrega y que es habitante del sector, le contó que esos pañuelos los usan las personas que pasan mucha necesidad y que en verdad requieren de ayuda para sobrevivir. Hogares muy vulnerables, con ancianos, mujeres embarazadas, personas discapacitadas y muchos niños. Situación que le hizo entender a Oscar, que ese era solo el principio de sus acciones.

Los ángeles siguen apareciendo en Fruto bendito, ya que encontraron un aliado de distribución que contaba con todos los permisos necesarios para poder moverse por la ciudad. A partir de ahí, no se han detenido y han llegado a más de 390 familias, llevando comida, pero sobre todo algo de tranquilidad a estos seres humanos desfavorecidos. La gratificación más grande se ve reflejada en pequeñas sonrisas y en múltiples “gracias” y en saber que, gracias a una minúscula acción, se están salvando vidas. Ahora y mientras esta cuarentena siga, desde Fruto Bendito seguiremos llevando alimentos a las familias, no hay un límite, todo depende de qué tan grande sea el corazón de aquellas personas que pueden ayudar.

Y recuerda, quédate en casa, que en la medida de nuestras posibilidades… estamos contigo.

#IgualesconAMOR